Sabes? Podría alejarme de ti y así huir del sufrimiento.
Los días de gloria en los que irradiabas deseo se han ido Y hoy son días nublados en los que el amor va cediendo a la indiferencia. Sólo han pasado unos cuantos días desde cuando te conocí y ya has recorrido sutiles extremos: Me has llamado al medio día como para decirme que me extrañas Y me has dejando esperando en la noche tus llamadas. Podría hacer caso a mis amigos que apenas saben de tus desaires me piden que te olvide, y me dicen que no me mereces. Podría dejarme llevar por la rabia y concluir que así es: que estoy arando en el desierto y que lo que un día me mostraste fue sólo el capricho de un niño grande, pero niño alfin y al cabo. A esta hora de la noche, cuando ya el cansancio me domina y cuando menos fuerzas tengo para pensar cuál es mi deber Sólo te puedo decir una cosa: Déjame amanecer Y verás cómo encuentro argumentos para no dejar de regalarte una sonrisa.
Ayer me levanté con el firme propósito de encontrar argumentos para regalarte una sonrisa.
Responderle a la indiferencia con cariño es mi propósito, mi cura, mi antídoto. Cuando se sufre por amor no es por otra cosa que por falta de amor propio: no es la falta de tu amor, sino el ignorar que para sonreir basta con sentir y regalar amor, mi amor. Pero realmente ¿hasta qué punto podemos regalar cariño cuando aquel pedazo de nuestro ser, aquel que es egoísta e ignorante, aquel que es caprichoso y suceptible, se siente ignorado y presa de la indiferencia? Se libra en mí una batalla entre aquellos dos pedazos de corazón: el autosuficiente y el dependiente. El primero encuentra el gozo y la paz interior con sólo regalar. Su energía surge de la sensibilidad de las bellas cosas de la vida, las observa, la palpa y las transforma en energía liberalizadora llamada amor, amor incondicional, amor sin apegos, amor que busca ser compartido para regalar sonrisas. El segundo, es aquella parte del ser que no cree en el "dar sin recibir". Aquella parte caprichosa que solo se contenta con tu atención. Aquella parte que es suceptible a tus miradas y que llora con tu indiferencia. Ayer pretendía dar por ganador al primero.
Pero hoy... Hoy no sé si sea igual que ayer... Ayer era tu indeferencia Anoche fueron tus palabras Que reclamaron independencia Y que aterrizaron mis dudas Y me mostraron que no hay amor.
Anoche quería llorar... me sentí una niña vulnerable Preso de tu indiferencia, pero más de mi suceptibilidad. Anoche pelearon esos dos pedazos de corazón Pero en mis sueños, lloré... lloré... lloré... Ganó el segundo...
Te hago una invitación Te invito a ser francos y a hablarnos sin miedo Te invito a saborear la honestidad y a disfrutar de la confianza Te invito a cerrar los ojos y así ver claramente nuestro presente, nuestro futuro, qué queremos, a dónde vamos, así sea cada uno por su lado. Te invito a que me digas con sinceridad que no me quieres y así te despojes de cargas y me despojas de dudas.
Te hago una invitación Te invito a no herirnos con palabras no dichas Te invito a no herirnos con silencios y ausencias Te invito a no herirnos con indiferencias postizas Te invito a cuidar nuestra dignidad
Te hago una invitación Quizás la última que te haga Te invito a hacer de tu desamor Una simple anécdota de la cual podamos reírnos después... ...como buenos amigos.